Es que nadie sabe, ¿realmente puede ser así?, las nubes van cediendo mientras no dejo de vigilar el cielo con la cámara lista en mis manos añorando un poco, solo un poco de cielo azul para las fotografías perfectas, y de pronto el cielo se abre y las nubes se deslizan velozmente hacia la costa, cuando ya el Retén de Coyhaique Alto está a unos 8 kilómetros camino atrás y allí aparece el promontorio, el pequeño río y el grupo de rocas como un perfecto cliché de asentamientos prehistóricos y culturas de la piedra. Recorro el lugar trato de concentrarme en fotografiar, en fotografiar... en cualquier momento el gris de las nubes puede llegar y ni siquiera el apellido, groseramente escrito sobre la mano tehuelche impresa en la roca, me aparta de seguir fotografiando toda esta vida que ya fue, donde se puede casi sentir el correr de los niños y el olor a fuego siempre prendido. Decido subir el promontorio a pesar del frío y del viento y para mi sorpresa veo que el lugar es la perfecta frontera entre la pampa y el verde de Aysén y allí tomo conciencia que nadie sabe mucho de los Tehuelches, pero yo si se que de niño con mi padre cazé cerca de aquí, y un poco más allá, hacia Ñirehuao y que la caza era abundante y ahora si siento como la emoción me embarga y el viento patagón se me sigue colando sin permitirme saber si son lagrimas o frustración por que casi nadie sabe que hay en este lugar, aunque yo si se que en cualquier mañana leeré en el periódico que otra casona burguesa fue declarada monumento nacional, y aún así me resisto a creer que casi nadie sabe que paso aquí ¿realmente es así?. (Fuente: Eugenio.Rivas@gmail.com, Fotoonline.cl, Colección Precolombino)